Desde Punta Arenas, la historiadora Safira Tobar Ivelich cursa un Magíster a distancia mientras reconstruye la memoria de las mujeres croatas de Magallanes. Su tesis empieza donde suele terminar la historia oficial: en la cocina.
En el extremo austral de Chile, donde el viento parece empeñado en recordarle a todo el mundo lo lejos que está de todo, Safira Tobar Ivelich enciende su computador y entra a clases. Del otro lado de la pantalla hay profesores, compañeros y un programa de posgrado que se dicta a más de tres mil kilómetros al norte. Pero ella no se mueve de Punta Arenas. Ahí está su casa, su familia, sus archivos, sus fotografías, sus testimonios. Ahí está, sobre todo, la historia que quiere contar.
Licenciada en Historia por la Universidad Gabriela Mistral, Safira cursa hoy el Magíster en Estudios de la Sociedad de la misma casa de estudios. Lo hace en modalidad a distancia, una decisión que para ella tiene menos que ver con la comodidad que con una convicción. “Asumir el desafío de cursar un Magíster a distancia es especialmente importante para quienes vivimos en regiones extremas”, explica, “porque permite acceder a una formación académica de calidad sin tener que abandonar nuestro territorio ni trasladarnos permanentemente a otra ciudad.”
La modalidad, advierte, se malinterpreta con facilidad. “La modalidad a distancia no significa estudiar de manera aislada ni recibir una formación menos exigente. Por el contrario, requiere disciplina, responsabilidad, autonomía y una participación constante.” Las grabaciones, los materiales y la comunicación fluida con los docentes le permitieron sostener el ritmo incluso cuando debía viajar a congresos, seminarios y presentaciones de libros. “De esta manera, los viajes académicos no interrumpen mi proceso formativo, sino que se complementan con él”, dice.
Su defensa de esta forma de estudiar termina siempre en la misma idea: “Estudiar on line representa una oportunidad concreta de descentralización académica. Permite que quienes vivimos en Magallanes podamos continuar formándonos sin alejarnos de la realidad regional que buscamos estudiar, comprender y visibilizar.”
De vuelta al corazón croata
Detrás de cada investigación de Safira late un apellido y una herencia. Su trabajo gira en torno a la memoria, las migraciones, la identidad cultural, las mujeres y, muy especialmente, la diáspora croata que echó raíces en el sur del mundo. No es un tema ajeno: es, en buena medida, su propia historia familiar.
Esa historia tiene incluso título. Safira es una de las autoras de Guardianas de la Trama, un libro que reúne veinticinco relatos sobre la herencia croata narrados por mujeres latinoamericanas. Su capítulo se llama “Regreso al corazón croata” y, en sus palabras, “aborda parte de mi historia familiar, la memoria transmitida entre generaciones y la reconstrucción del vínculo con mis raíces croatas”. La obra ya se presentó en Croacia, Uruguay, Argentina, Paraguay y Chile, y pronto continuará su recorrido por nuevas ciudades argentinas.
El vínculo con Croacia se fue tejiendo también por otras vías. Fue becaria del programa Croaticum de la Universidad de Zagreb, donde se acercó al idioma y profundizó la relación entre sus investigaciones, su historia familiar y la diáspora contemporánea. Y forma parte de Croactivas, la Red de Mujeres Croatas de Latinoamérica, que une a mujeres de distintos países por su herencia común y por el interés de “conservar, compartir y proyectar esa memoria cultural”.
Cuando eligió continuar sus estudios en la Universidad Gabriela Mistral, pesaron la experiencia positiva del pregrado y, sobre todo, el carácter interdisciplinario del programa. “Mis investigaciones se relacionan con la historia, la memoria, las migraciones, la identidad cultural, las mujeres y las transformaciones sociales”, enumera. “Por ello, buscaba un programa que me permitiera ampliar mis herramientas más allá de los límites de una sola disciplina.” El Magíster la llevó a dialogar con la política, la ciudadanía, la tecnología, la inteligencia artificial y las políticas públicas, ámbitos que no formaban parte central de su especialización inicial como historiadora.
Al postular, presentó un ensayo para acceder a las becas del programa. Obtuvo el primer lugar y accedió a la beca mayoritaria. “Recibirla fue un reconocimiento muy significativo para mí”, recuerda, “porque valoró una trayectoria investigativa que ya había comenzado a desarrollar y confirmó que el programa era el espacio adecuado para continuar profundizando mis inquietudes académicas.”
Pioneras del Adriático
La línea de investigación que hoy la define comenzó a tomar forma en 2024. Su primer hito fue el III Encuentro Internacional Científico-Profesional “Procesos Migratorios entre Croacia y América del Sur”, organizado por el Instituto de Investigación de las Migraciones de Zagreb junto a una amplia red de instituciones de Argentina, Brasil y Chile. El encuentro se desarrolló de manera simultánea en Zagreb, São Paulo, Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Caleta Olivia, Rosario y Córdoba. Allí Safira presentó una primera aproximación titulada “Pioneras del Adriático: el legado de las mujeres croatas en la sociedad de Punta Arenas”.
Lo que empezó centrado en Punta Arenas pronto se amplió a toda la región. “Las fuentes y los testimonios recopilados demostraron que la experiencia de estas mujeres no podía abordarse mediante un solo trabajo”, cuenta. La investigación viajó a la Segunda Cumbre de CroActivas, “Mujeres dejando huellas”, en São Paulo, y regresó a casa en un seminario realizado en el Salón Rey Tomislav del Club Croata de Punta Arenas. Una misma pregunta, difundida entre Zagreb, São Paulo y el extremo austral.
De ese tronco fueron brotando ramas. Una es la que Safira llama la Croacia Global: la manera en que las nuevas generaciones —especialmente la tercera— reconstruyen su vínculo con Croacia mediante las redes sociales, las búsquedas genealógicas, los viajes y las becas culturales. “La identidad croata no desapareció con la distancia ni con el paso de las generaciones”, sostiene, “sino que ha sido reactivada y resignificada mediante nuevas formas de comunicación y participación.” Una persona descendiente de croatas que vive en Magallanes puede hoy formar parte de una red transnacional que se extiende por Croacia, América Latina y Estados Unidos.
Una historia que se cocina
Pero hubo una dimensión que aparecía una y otra vez en los testimonios, tenaz como el aroma que se cuela desde la cocina: “la importancia de las recetas, los almuerzos familiares y las enseñanzas de madres, abuelas, tías y nonas”. Safira decidió convertir esa insistencia en el tema de su tesis.
Se titula “El legado de las mujeres croatas en la región de Magallanes: la gastronomía como forma de transmisión cultural intergeneracional desde la primera mitad del siglo XX hasta la actualidad”. No se trata, aclara, de recopilar recetas ni de describir preparaciones tradicionales: “Mi interés es comprender cómo la gastronomía ha funcionado como un medio para conservar recuerdos, enseñar prácticas familiares y mantener vínculos con la herencia croata, pero también cómo esas prácticas se han desarrollado en Magallanes y han dialogado con el territorio y la sociedad regional.”
Hay una tesis de fondo, más política que culinaria. “Ellas no fueron receptoras pasivas ni simples guardianas de una cultura heredada”, afirma sobre las mujeres croatas. “Tomaron decisiones sobre qué conocimientos conservar, cómo enseñarlos, qué elementos mantener, cuáles transformar y de qué manera transmitirlos a las generaciones siguientes. Mediante estas acciones participaron activamente en la construcción de una identidad croata-magallánica.”
En algunos registros culinarios, los nombres originales conviven con su traducción al castellano, como pequeños puentes entre dos mundos: Palačinke se presenta como “panqueques”; Sarma, como “rollitos de repollo rellenos”; Arambačići, como “niños envueltos”; Trogirski rafioli, como “empanaditas de Trogir”. “La traducción funciona como un puente entre la memoria cultural croata y una sociedad mayoritariamente hispanohablante”, explica. Y las recetas cambian, se adaptan a los ingredientes disponibles y a cada época: “Estas transformaciones no significan necesariamente una pérdida de identidad, sino que demuestran que las tradiciones permanecen vivas porque son reinterpretadas.”
La importancia de todo esto para Magallanes, dice, es que “recupera una dimensión de la historia regional que muchas veces no aparece en los grandes relatos”. La identidad de la región, sostiene, “no se construyó únicamente mediante acontecimientos políticos, instituciones o actividades económicas, sino también dentro de los hogares, alrededor de las mesas y mediante conocimientos transmitidos cotidianamente”.
La guerra vista desde el extremo austral
El estudio de la colectividad croata abrió, además, preguntas nuevas. Una de ellas la llevó a investigar cómo reaccionó la comunidad croata de Magallanes ante la independencia de Croacia y la guerra de los Balcanes entre 1991 y 1995. A partir de prensa regional, declaraciones públicas y documentación de organizaciones de Punta Arenas y Porvenir, Safira reconstruye ese episodio. “El objetivo es comprender cómo un conflicto ocurrido en Europa llegó a incorporarse en el espacio político, social y simbólico del extremo austral chileno”, señala, “y cómo la comunidad croata regional se movilizó, expresó públicamente su identidad y mantuvo vínculos con los acontecimientos que se estaban desarrollando en Croacia”. Presentará este trabajo a fines de agosto en el Primer Congreso Internacional “La guerra mirada desde las Humanidades”, organizado por la Universidad Gabriela Mistral, con la ponencia “La guerra de los Balcanes en el extremo austral: la comunidad croata de Magallanes frente al proceso de independencia de Croacia (1991-1995)”.
Nada de esto ha sido fácil. Compatibilizar la exigencia del posgrado con la vida familiar, la docencia, la escritura y los viajes ha sido, reconoce, uno de sus mayores desafíos. “Un programa de posgrado requiere constancia, organización y una dedicación sostenida”, dice. “No se trata solamente de asistir a clases o cumplir con evaluaciones, sino de leer, analizar, investigar, escribir y revisar permanentemente los propios planteamientos.” También le exigió salir de su zona de comodidad como historiadora para dialogar con enfoques sociales, políticos, filosóficos y tecnológicos, e imponerse una responsabilidad ética permanente al trabajar con testimonios y memorias familiares: “Es necesario respetar la voluntad de quienes participan, proteger la información entregada, contrastar los antecedentes y evitar generalizaciones que no estén suficientemente respaldadas.”
Con todo, considera esos desafíos profundamente formativos. “El mayor desafío no ha sido solamente adquirir nuevos conocimientos”, resume, “sino aprender a sostener proyectos académicos de largo plazo sin descuidar la familia, las responsabilidades personales y las demás dimensiones de la vida.”
Un consejo desde el sur
A quienes dudan si emprender un camino semejante, Safira les tiende una idea sencilla y firme: “Le aconsejaría que no permita que la distancia geográfica, las responsabilidades familiares o laborales se conviertan automáticamente en un impedimento. Un Magíster exige esfuerzo, disciplina, organización y compromiso, pero también puede abrir nuevas posibilidades académicas, profesionales y personales.”
Recomienda elegir un programa afín a los propios intereses, aprovechar las becas y participar activamente. Y desmonta la idea del posgrado como un simple trámite: “El Magíster no debe entenderse solamente como la obtención de un grado académico. También puede ser una oportunidad para construir una trayectoria, desarrollar proyectos, ampliar las redes profesionales y transformar una inquietud inicial en una investigación concreta.”
Su propia experiencia, asegura, ha sido profundamente positiva: “He encontrado un espacio exigente, pero también cercano, respetuoso y estimulante, en el que me he sentido acompañada y valorada.” Y le ha demostrado algo que ella repite como quien defiende un territorio: “Vivir en una región extrema no impide participar en redes académicas nacionales e internacionales, escribir, publicar, viajar, presentar investigaciones y contribuir a la comprensión de la sociedad.”
Magallanes y la Antártica Chilena, sostiene, no deberían leerse únicamente como territorios alejados de los grandes centros del país, “sino como espacios históricos conectados con América Latina, Europa y el mundo”. Desde el fin del mundo, con un computador encendido y una libreta de recetas heredadas, Safira Tobar Ivelich se dedica a demostrarlo.






