El viernes 21 de agosto, en que la Antártica dejó de ser un territorio blanco y remoto para transformarse en un aula abierta y compartida. A través de las pantallas, investigadores, docentes y divulgadores de Chile, Argentina y Uruguay coincidieron en el X Foro de Educación Antártica, desarrollado en el marco del XXVI Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos (EHAL) 2026. Lo que allí se conversó dejó una certeza: enseñar el continente blanco es hoy una tarea tan urgente como necesaria, y Magallanes tiene mucho que decir al respecto.
La jornada, íntegramente online, se abrió con las palabras de bienvenida del doctor Mauricio Jara Fernández, del Centro de Estudios Hemisféricos y Polares y académico de la carrera de Pedagogía en Historia y Geografía de la Universidad de Playa Ancha. Su intervención puso el tono de una cita marcada por la colaboración latinoamericana y por la convicción de que la formación permanente es la columna vertebral de cualquier política de difusión antártica.
El primer bloque de la mañana, dedicado a la institucionalidad, la formación continua y la identidad nacional y regional, reunió miradas complementarias. Desde Ushuaia, María Verónica Pedemonte defendió la formación permanente como centro de la difusión de los temas antárticos, mientras que la uruguaya Giovana Gerosa relató cómo la Antártida se abre paso en las aulas de la escuela primaria de su país. La argentina Tamara Sandra Culleton, en tanto, exploró la construcción performativa de la Argentina bicontinental en una obra de 1948, recordando que la relación de nuestros pueblos con el sur también se escribe desde la cultura y el imaginario.
En ese mismo bloque tomó la palabra el historiador Francisco Sánchez Urra, de la Fundación Huellas Magallánicas, quien presentó “Embajadores Antárticos”, una opción educativa chilena que busca formar mediadores del conocimiento polar. Junto a él, la periodista científica María Pastora Sandoval ofreció uno de los análisis más originales de la mañana: un estudio sobre la dinámica de las búsquedas en internet de la palabra “Antártica” en las cinco ciudades puerta de entrada al continente —Punta Arenas entre ellas—, revelando similitudes y diferencias en la forma en que el mundo se asoma digitalmente al fin del planeta.
Tras el receso, el segundo bloque giró hacia las herramientas didácticas, las tecnologías y la divulgación. Allí se percibió la creatividad de una comunidad que no se resigna a explicar la Antártica solo con mapas y fechas. El argentino Ariel Carlos Hartlich propuso recuperar las referencias australes en los modelos escolares para enseñar las interacciones entre ciencia, tecnología y sociedad. Desde el Instituto Milenio BASE, el equipo del proyecto “Descongela el mito” mostró un chatbot de WhatsApp pensado para combatir la desinformación polar, y el uruguayo Waldemar Fontes reivindicó el dibujo infantil como herramienta de diagnóstico y de alfabetización antártica.
La impronta regional se hizo sentir con fuerza en este tramo. El profesor Miguel Ángel Pincheira Mellado, del Liceo Bicentenario de Cholchol, en La Araucanía, presentó una ponencia de título sugerente: “Niños y adolescentes como autores del fin del mundo”. A través de la literatura y el lenguaje, propuso una vía para que los estudiantes conozcan el Territorio Chileno Antártico desde su propia voz. Y desde Punta Arenas, Magaly Vera Palacios, del Centro de Investigación GAIA Antártica de la Universidad de Magallanes, compartió su experiencia de pedagogía crítica-narrativa para promover la identidad antártica en escuelas vulnerables de la ciudad, recordando que en el extremo austral la Antártica no es un tema lejano, sino parte de la vida cotidiana.
El cierre estuvo reservado para la presentación del libro “Cuentos antárticos y algo más”, de Francisco Sánchez Urra, comentado por la profesora Nadia Farías Cárdenas. Con entusiasmo, Farías destacó que la obra “representa un proyecto innovador, fomentando la educación cívica y geográfica con la participación de estudiantes de una manera activa, siendo este libro una obra necesaria para el contexto educativo”. Sus palabras resumieron el espíritu de todo el foro: acercar la Antártica a las nuevas generaciones no como un dato de enciclopedia, sino como un territorio que se puede imaginar, dibujar y narrar.
Antes de la despedida, los expositores coincidieron en subrayar los desafíos que vienen para la educación antártica: sostener y ampliar las redes de colaboración latinoamericana, aprovechar las nuevas tecnologías sin perder el rigor y, sobre todo, formar docentes capaces de transmitir el valor de un continente que nos pertenece a todos y a nadie. Para una región como Magallanes, puerta de entrada al continente blanco, esos desafíos tienen un peso especial.
El X Foro de Educación Antártica confirmó, en definitiva, que el aula puede llegar mucho más lejos de lo que solemos imaginar: hasta el mismísimo fin del mundo.






