En el marco de la 12ª Conferencia de Ciencia Abierta del SCAR 2026 —”Diving into Antarctic Science: Making Waves for the Future”—, realizada en Oslo, Noruega, el historiador Francisco Sánchez y la periodista científica María Pastora Sandoval hicieron entrega de un ejemplar del libro Cuentos Antárticos y algo más, en su versión en inglés, al presidente del SCAR, el profesor Gary Wilson. Con ese gesto pusieron en manos de la máxima autoridad de la investigación antártica mundial un trabajo que representa el esfuerzo colectivo de estudiantes, docentes e instituciones chilenas comprometidas con acercar la Antártica a las nuevas generaciones.
Para Magallanes, capital antártica de Chile y punto de partida de gran parte de las expediciones al continente blanco, el episodio tiene un eco especial: confirma que el interés por el territorio austral crece y se contagia también en aulas de otras regiones del país.
El libro no es obra de especialistas encerrados en un laboratorio, sino fruto del trabajo conjunto con los estudiantes del segundo año B del Liceo “James Mundell” de Cholchol, en La Araucanía. Fueron ellos quienes imaginaron, escribieron y dieron forma a relatos que hoy dialogan con el mundo. Que un texto creado por jóvenes de una comuna pequeña llegue traducido al inglés hasta una conferencia internacional en Noruega habla de una convicción: el conocimiento antártico también se construye desde el aula.
Lo más notable es que la obra ha tenido una repercusión internacional insospechada. Lo que comenzó como un proyecto pedagógico local terminó captando la atención de la comunidad científica antártica global, convirtiéndose en un ejemplo de cómo la divulgación y la educación pueden traspasar fronteras. La entrega en Oslo confirma ese alcance: un libro escrito por estudiantes chilenos es hoy parte de la conversación en el principal foro mundial de la ciencia polar.
La iniciativa fue posible gracias al apoyo de la Fundación Valle Hermoso, la Carrera de Pedagogía en Historia y Geografía de la Universidad de Playa Ancha, el Centro de Estudios Hemisféricos y Polares, el Programa Embajadores Antárticos y el portal Mirador Antártico. Una red que unió a la academia, la divulgación y la escuela en un mismo propósito: sembrar identidad polar desde temprana edad y proyectarla más allá de las fronteras.
Qué es el SCAR y por qué importa
El Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR, por sus siglas en inglés) fue fundado en 1958 y es hoy una de las organizaciones más influyentes en la comprensión del continente blanco. Se encarga de iniciar, desarrollar y coordinar la investigación científica internacional en la Antártica y el Océano Austral, y de estudiar el papel de esta región en el sistema terrestre. Además, entrega asesoría científica independiente al Sistema del Tratado Antártico y a organismos globales como el IPCC, en temas que van desde el cambio climático hasta el aumento del nivel del mar. Sus Conferencias de Ciencia Abierta, realizadas cada dos años, reúnen a la comunidad científica mundial y funcionan como una gran vitrina del quehacer polar.
Un presidente con trayectoria polar
Recibir el ejemplar no fue un trámite menor: el profesor Gary Wilson es un referente internacional. Actual vicerrector de Investigación de la Universidad de Waikato (Nueva Zelanda), ha dedicado su carrera al estudio de los ciclos climáticos globales, el ciclo del carbono y el volumen del hielo antártico. Ha participado en más de cuarenta expediciones al continente antártico y subantártico, lideró el ambicioso proyecto internacional de perforación ANDRILL y fue reconocido con la Medalla Thomson de la Royal Society de Nueva Zelanda. Delegado de su país ante el SCAR desde 2016 y vicepresidente entre 2018 y 2022, asumió la presidencia del organismo en 2024.
Una historia que recién comienza
La escena en Oslo condensa una idea poderosa: la Antártica también se construye desde las escuelas. Un grupo de estudiantes chilenos logró que sus relatos viajaran miles de kilómetros para dialogar con la comunidad científica internacional. Más que un libro entregado, fue un puente tendido entre la educación local y la ciencia global, entre la imaginación de los jóvenes y el futuro del continente blanco.






