Pocas veces Puerto Williams amanece como amaneció el lunes 11 de mayo: con la nieve cubriendo sus calles, el viento del Beagle soplando con fuerza y, en paralelo, cientos de científicos de distintas partes del mundo llegando a la ciudad más austral del planeta. La escena tenía algo de épica y algo de cotidiano, porque Magallanes ya no se sorprende cuando el mundo viene a buscarla. Y eso, precisamente, es lo que está en juego: que esa visita deje de ser excepción y se convierta en costumbre.
Entre el 11 y el 14 de mayo se desarrolló la IV Conferencia Internacional del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), bajo el lema “Centinelas del Cambio Climático”. Cuatro intensas jornadas en el Centro Subantártico Cabo de Hornos de la UMAG, donde la Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos se transformó en un laboratorio natural abierto al diálogo internacional.
Autoridades que llegaron hasta el último rincón
La inauguración reunió a la delegada presidencial regional, Ericka Farías, en su primera visita oficial a la provincia Antártica; al seremi de Ciencias, Carlos Olave, quien definió a Puerto Williams como la capital de la ciencia subantártica; al seremi de Medioambiente, Gonzalo Rosenfeld; al alcalde de Cabo de Hornos, Patricio Fernández; y al comandante del Distrito Naval Beagle, capitán Manuel Iturria.
Mención aparte merece la presencia del seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Rodrigo Bravo Garrido, quien acompañó la conferencia durante tres jornadas. No fue un saludo protocolar: fue una inmersión. Bravo protagonizó la presentación del libro “Geodécimas”, del Dr. Ramiro Bustamante, una obra que une la décima popular con la geodiversidad. “Esta mixtura entre ciencias naturales y humanidades es el sinónimo del actual desarrollo del conocimiento”, afirmó la autoridad, defendiendo que ciencia y cultura caminen juntas.
Las voces que marcaron el encuentro
El Dr. Máximo Frangópulos, director alterno del CHIC, expuso sobre el monitoreo de la marea roja, en el marco de una red internacional que articula a siete países desde Magallanes. Su laboratorio en Puerto Williams es hoy un referente que avanza hacia la acreditación sanitaria internacional. El historiador magallánico Francisco Sánchez sumó una mirada distinta: el desarrollo de la ciencia a través del mar, recordando que en estas latitudes el conocimiento siempre llegó por este continuo universal, reforzando un concepto la soberanía a través de la ciencia.
Y luego está la tríada virtuosa de la ciencia subantártica: Ricardo Rozzi, Andrés Mansilla y Francisca Massardo. Rozzi, referente nacional y arquitecto de la filosofía ambiental de campo, explicó el lema: “Centinelas del Cambio Climático es una alarma… la dan las plantas, la dan los pájaros”. Massardo, directora del Campus Cabo de Hornos UMAG, habló de “soberanía pacífica” desde la ciencia. Mansilla, director del CHIC, sostiene la red que lo articula todo. Tres nombres, un mismo norte: que el extremo sur sea faro, no periferia.
Una comunidad que se sumó
La conferencia no fue solo para investigadores. Hubo una pre-conferencia con talleres abiertos en Punta Arenas —dendrocronología, ecosistemas marinos, historia glacial urbana— y en Puerto Williams se sumaron charlas magistrales, visitas al Parque Omora, presentaciones de libros, proyecciones audiovisuales y el XIV Congreso de SOCIETUR sobre turismo sostenible. Residentes yaganes, escolares del Liceo Donald McIntyre, vecinos curiosos y profesores convivieron con científicos llegados de varios continentes. El fotógrafo Jorge Marín reivindicó al “fin del mundo” como escenario insustituible para la ciencia y el arte.
Lo que Magallanes necesita: más, y más seguido
Aquí viene la parte que importa. La IV Conferencia CHIC demostró algo que en la región se intuye hace tiempo: Magallanes tiene todo para ser sede permanente de encuentros internacionales de primer nivel. Tiene los paisajes, tiene los científicos, tiene las instituciones, tiene una comunidad dispuesta a abrir sus puertas. Lo que falta es frecuencia.
Por años hemos visto cómo nuestra región es noticia mundial por sus glaciares, su biodiversidad, su cielo, su mar. Pero seguimos dependiendo de que el mundo nos visite una vez al año, en un congreso puntual, para sentirnos parte del mapa global. Eso tiene que cambiar. Encuentros como el CHIC, el SOCIETUR, los foros antárticos, los congresos de turismo científico y los seminarios bioculturales deberían ser parte del calendario habitual de la región, no excepciones a celebrar.
Cada conferencia internacional realizada en Magallanes deja huella: contratos hoteleros, gastronomía local activada, vuelos llenos, taxis ocupados, librerías visitadas, guías turísticos contratados, comunidades visibilizadas. Pero también deja algo más profundo: autoestima territorial. La sensación de que vivir en el confín austral no es una desventaja, sino un privilegio que el mundo viene a constatar.
La IV Conferencia CHIC fue un punto de encuentro en el fin del mundo. Ahora el desafío es que la región, el Estado, las universidades y el sector privado se pongan de acuerdo para que el calendario magallánico se llene de instancias como esta. Porque cuando el mundo viene a Magallanes, gana la ciencia, gana la cultura, gana la economía local y, sobre todo, ganamos todos los que habitamos este rincón privilegiado del planeta.





