El espíritu que une ciencia y poesía en el extremo austral viajó hasta Santiago: este sábado 4 de julio, el ecólogo y poeta Ramiro Bustamante condujo el taller “Poema, Ciencia y Naturaleza” en el Parque Mahuida, con la presencia del Dr. Ricardo Rozzi y colaboradores del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC).
Cuando el invierno aprieta y la ciudad amanece bajo la sombra fría de los Andes, hay panoramas que abrigan más que cualquier estufa. Eso comprobaron quienes este sábado 4 de julio, a las 10 de la mañana, subieron hasta el Parque Mahuida, en la precordillera de La Reina, para participar en un taller único: aprender a escribir décimas sobre la naturaleza, guiados por alguien que habita ambos mundos.
El Dr. Ramiro Bustamante, ecólogo y poeta, fue el encargado de conducir “Poema, Ciencia y Naturaleza”, una invitación a redescubrir la décima espinela —esos diez versos octosílabos que Violeta Parra convirtió en patrimonio del alma chilena— como herramienta para nombrar lo que la ciencia observa: el bosque, el agua, las aves, la montaña. Porque si algo ha demostrado la tradición popular es que el conocimiento también se puede cantar, y que una buena rima viaja más lejos que muchos artículos académicos.
El sello austral de la jornada
La conexión con el fin del mundo estuvo presente desde el primer verso. Entre los asistentes destacó el Dr. Ricardo Rozzi, el filósofo y ecólogo que desde Puerto Williams ha enseñado al planeta que ciencia y poesía son aliadas para conservar la vida, y cuya huella se reconoce en iniciativas que han acercado el verso a la ecología en el extremo austral. Lo acompañaron el Dr. Hugo Benítez, Carolina Castro Lara, directora de relaciones internacionales, y Constanza Rojas, colaboradora del CHIC, confirmando que el espíritu subantártico también sabe echar raíces en la zona central.
La anfitriona fue Walwska Lovera Subiabre, encargada del programa de montaña del Parque Mahuida, quien abrió este rincón precordillerano convencida de que un parque puede ser mucho más que senderos: un aula abierta donde la comunidad se reencuentra con su paisaje.
Un círculo de voces diversas
Lo más hermoso del taller fue su gente. En torno al papel y el lápiz se sentaron músicos buscando nuevas letras, abogados que descubrieron que la rima también argumenta, poetas curiosos por el lenguaje de la ecología y estudiantes que comprobaron que la ciencia puede emocionar. Entre mates, risas y correcciones colectivas, los octosílabos comenzaron a brotar como vegetación nativa después de la lluvia: versos para el cóndor, para el bosque esclerófilo, para el agua que escasea y para la montaña que, silenciosa, escuchaba nacer cada estrofa.
¿Te lo perdiste?
Buenas noticias: la comunidad organizadora ya sueña con nuevas versiones de esta experiencia que demuestra que entre el dato y el verso no hay frontera, sino un territorio fértil por explorar. Los interesados pueden inscribirse en el formulario disponible en https://forms.gle/mKtTps2bURdq6cnR8 y estar atentos a las próximas convocatorias del Parque Mahuida.
Porque desde el Cabo de Hornos hasta la precordillera santiaguina, la lección es la misma: cuando la ciencia se hace décima, la naturaleza encuentra nuevas voces para defenderse. Y esas voces, ya lo sabemos, nacieron para viajar hasta el fin del mundo.







