Estudiantes e investigadores del Centro Internacional Cabo de Hornos viajaron al centro de Europa para compartir conocimientos sobre conservación y cambio climático. Una experiencia que demuestra que, desde el extremo más austral del mundo, también se hace ciencia de primer nivel.
Cuando se piensa en Magallanes, la imagen que aparece suele ser la del viento, los canales y la inmensidad del paisaje austral. Pocas veces se asocia a la región con las aulas centenarias de una universidad europea. Y, sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió en las últimas semanas: una delegación de estudiantes e investigadores partió desde Puerto Williams —la ciudad más austral del planeta— rumbo a Alemania, en el marco de la Summer School del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC). El resultado fue un viaje que unió, en una misma historia, el fin del mundo y el corazón científico de Europa.
La Summer School es un programa de intercambio académico que el CHIC impulsa con un objetivo claro: abrir puentes de colaboración internacional y poner en diálogo el conocimiento generado en el extremo sur de Chile con el de los grandes centros de investigación del mundo. En esta edición, ese diálogo tuvo escenario en Alemania, y reunió a jóvenes y especialistas en torno a temas que hoy son urgentes para todo el planeta: la conservación de la biodiversidad, el estudio de los ecosistemas y los desafíos del cambio climático.
Una visita cargada de historia
Uno de los momentos más significativos fue la visita a la Universidad Friedrich Schiller de Jena, una de las casas de estudio más emblemáticas de Europa y un referente histórico en investigación científica. La ciudad de Jena, reconocida además como uno de los grandes centros del romanticismo alemán, recibió a la delegación en un entorno donde la ciencia y la cultura conviven desde hace siglos.
Allí, los participantes recorrieron el histórico herbario de la universidad, una valiosa colección que reúne muestras botánicas de distintos lugares del mundo. Para estudiantes acostumbrados a investigar en los bosques, turberas y montañas de la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos, conocer de primera fuente ese patrimonio fue una manera de confirmar algo importante: que la curiosidad científica que se cultiva en el sur de Chile forma parte de una gran tradición de conocimiento compartida por la humanidad entera.
Las turberas, un punto de encuentro inesperado
El gran tema que unió a Magallanes y a Europa durante esta experiencia fueron las turberas. Estos humedales, que a simple vista parecen apenas terrenos húmedos y silenciosos, son en realidad auténticos guardianes del planeta: almacenan agua, capturan carbono y conservan miles de años de historia ambiental bajo su superficie.
En la Summer School, las turberas de la región subantártica de Magallanes se compararon con las del norte de Europa, revelando una conexión sorprendente entre dos territorios separados por miles de kilómetros. Se revisó cómo, a ambos lados del mundo, estos ecosistemas fueron explotados durante décadas, sobre todo como fuente de combustible. Pero también surgió una diferencia esperanzadora: mientras Europa ya transita el difícil camino de restaurar sus turberas dañadas, Magallanes todavía conserva grandes extensiones intactas, lo que la convierte en un territorio privilegiado para aprender del pasado y proteger lo que aún está a tiempo de cuidarse. La conclusión fue compartida: pese a la distancia, el sur de Chile y el centro de Europa enfrentan los mismos desafíos frente al cambio climático.
Un puente que funciona en los dos sentidos
Lo interesante de esta historia es que el intercambio no va en una sola dirección. Así como la delegación del CHIC viajó a Alemania, Puerto Williams recibe cada temporada a estudiantes e investigadores extranjeros que llegan atraídos por la singularidad de sus ecosistemas. No es raro encontrar a jóvenes formados en universidades alemanas, como la prestigiosa Universidad Humboldt, recorriendo los senderos del fin del mundo, motivados muchas veces por el trabajo del Dr. Ricardo Rozzi, director de investigación del CHIC.
Ese flujo de ida y vuelta refleja el papel que ha tomado el centro en la región. El CHIC —Centro Internacional Cabo de Hornos para Estudios de Cambio Global y Conservación Biocultural, albergado por la Universidad de Magallanes y reconocido como centro de excelencia por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID)— se distingue por su enfoque biocultural, que integra ciencias naturales, ciencias sociales, educación y ética para mirar los problemas ambientales de manera completa, situando a la zona austral como un verdadero territorio centinela del cambio climático.
Magallanes, mucho más que el fin del mapa
Iniciativas como esta Summer School ayudan a cambiar la forma en que se mira el extremo sur de Chile. Lejos de ser una periferia aislada, Magallanes se consolida como un punto de encuentro de la ciencia mundial, capaz de aportar, enseñar y aprender en igualdad de condiciones con los grandes centros de investigación del planeta.
Formar nuevas generaciones de investigadores que se mueven con naturalidad entre un bosque subantártico y un laboratorio europeo no solo fortalece la ciencia regional: también proyecta a Magallanes y a todo Chile como referentes en el cuidado del medioambiente. Porque al final, como demostró esta experiencia, el conocimiento no entiende de fronteras, y a veces los dos extremos del mundo están mucho más cerca de lo que imaginamos. Desde el fin del mundo hasta el corazón de Europa, la ciencia volvió a darse la mano.






